«La tontería de la edad se pasa al ver a Paloma con más de 70 años y esa pasión»

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El fin de semana me largo con mi ex a Jerez de la Frontera para ver a Paloma San Basilio. También para salir de Madrid, que llevábamos siete borrascas y media encerrados. Hacemos el viaje en tren, cuatro horas de trayecto, que se me hacen cortísimas leyendo la biografía que José Teruel ha publicado sobre Carmen Martín Gaite. Es mi escritora favorita. Por eso me apena enterarme del sufrimiento que acarreó la mayor parte de su existencia al tener que hacer frente a dos grandes tragedias: la pérdida de sus dos hijos. El primero, Miguel, a los siete meses de nacer. Y Marta, la segunda, a consecuencia de una neumopatía asociada al sida. Se la llevó por delante la droga, como a tantos y tantos jóvenes de los ochenta. Complicado fue también su matrimonio con Rafael Sánchez Ferlosio. 

El sentido de vivir

La realidad la atropelló demasiadas veces. Por eso se refugió tanto en la escritura. Para seguir viviendo. He recomendado varias veces aquí ‘Nubosidad variable’, pero lo hago una vez más. Aunque en el libro señalan que no es de sus mejores novelas a mí me marcó profundamente. Me la sé casi de memoria y acudo a ella periódicamente. También a sus brillantísimos ensayos o a la lectura de sus conferencias. Tuve la suerte de acudir a varias cuando estudiaba Filología Hispánica en Barcelona. Recibíamos a Martín Gaite como si fuera una estrella de rock. Interpretaba las conferencias como si fueran monólogos. No en vano quiso ser actriz, tal y como detalla Teruel en su biografía. Me llama la atención la manera que tiene Martín Gaite de entender el amor. Como juego. Como engaño para nuestros sentidos también. Como una trampa que te ayuda a enfrentarte a la herida de vivir.

Un condimento que añadir cuando la soledad se te hace bola. Por todo ello me ha hecho gracia que mi queridísima Pilar Eyre le contara a Henar Álvarez en ‘Al cielo con ella’ que quiere enamorarse. La entiendo. Cuando te enamoras te parece mentira que hayas sido capaz de levantarte días, meses, incluso años sin estar en ese estado. No es que la realidad cobre un nuevo sentido. No. Es mucho más. Es que, por fin, vivir tiene sentido. (Nota: Pilar Eyre saca nuevo libro el dos de abril. ‘Señoras bien’ se llama. La semana que viene hablaré de él). Esta mañana de domingo, mientras paseábamos por Jerez, hemos visto en un parque una serpiente disfrutando del sol. Perezosamente enroscadita ella.

Soy fácil de convencer

Yo, por aquello de los prejuicios, le he dicho a mi ex que seguro que eso traía mala suerte. Pero él, que no soporta a esos bichos, me ha contestado que estaba muy equivocado. Y acto seguido me ha enviado al Whatsapp el siguiente texto: “Cuando una serpiente cruza tu camino puede ser interpretado como un signo de transformación y cambio. Las serpientes son conocidas por mudar su piel, que es símbolo de renovación y crecimiento”. Y entonces me he quedado mucho más tranquilo. Soy de fácil convencer. 

Yo, como Pilar Eyre, también tengo ganas de enamorarme. Lo estuve hace poco, o al menos al inicio del proceso. Tanto, que incluso llegué a enviarle al muchacho la canción ‘Aún no te has ido’ de Vanesa Martín. Pero desapareció. Y yo me quedé un poco triste y un poco desolado. Se lo conté a Vanesa el viernes, que grabé con ella ‘Hay una cosa que te quiero decir’. Su canción no me ha dado resultado a corto plazo pero acaba de aparecer una serpiente en mi vida. Todo cuadra. Además, ya estamos con el horario de verano y pasear por Jerez de la Frontera se convierte en una experiencia religiosa: el olor a azahar se confunde con el del incienso al pasar por delante una iglesia preciosa.

Ya están con los preparativos para la Semana Santa y nos cruzamos con varias bandas tocando. Hay vida más allá de Madrid. Incluso hay lugares a los que no llegan los ecos de Ayuso montando un pollo. Parece increíble, pero es verdad. Qué bonito está Jerez y cómo disfruté el concierto de Paloma. Cincuenta años en los escenarios. La tontería de la edad se pasa cuando ves a una señora que pasa de los setenta trabajando con esa entrega y esa pasión por la profesión. Ir a un concierto de Paloma San Basilio me reconcilia con la edad adulta, tan previsible a veces. Tan aburrida otras. Pero hemos quedado en que tengo ganas de enamorarme y eso es un buen punto de partida para empezar la primavera. Aviso: estoy muy predispuesto a volverme loquísimo.

Lomana en ‘Cuarto milenio’

En otro orden de cosas decir que si lo de Trump pinta mal, lo de Putin peor. Pero la verdadera señal de que el mundo se va a acabar es que Carmen Lomana ha ido a ‘Cuarto Milenio’. Después de asistir a todos los programas que se emiten en las cadenas nacionales, Lomana prepara su desembarco en el Más Allá. Intuye que nuestro planeta se va a la mierda y quiere ir haciendo méritos para seguir ejerciendo de ‘celebrity’ en otras dimensiones. A mí lo de Lomana es que me tiene loco.

En realidad creo que hay varias porque creo haberla visto en distintos sitios a la misma hora. O la veo tantas veces a lo largo del día –quiera o no quiera yo–, que ha conseguido alterar mi percepción del orden y el espacio. Justo en este momento de mi vida me viene regular que el mundo se acabe porque después de un invierno demasiado largo el cuerpo me pide jarana. Además, me quedarían demasiadas preguntas en el aire: ¿Cumplirá Ana Obregón la promesa de no volver a sacar en portada a su nieta? ¿Seguirá pidiendo elecciones Feijóo entre los cascotes de nuestra civilización? ¿Conseguirá en una nueva era Pedro Sánchez aprobar unos presupuestos? Y la que es más importante: ¿Cómo será mi nueva aventura amorosa?

Artículo original en Lecturas.