
Me acabo de ver los dos primeros capítulos de la serie “Furia” en un vuelo Hong Kong-Koh Samui. Menuda maravilla ha dirigido Félix Sabroso. Acabo el segundo capítulo con un pedazo de sonrisa que no me cabe en la boca, solidarizándome hasta la médula con los personajes que interpretan Candela Peña y Ana Torrent. Incluso se me ha escapado una carcajada cuando una derrotada Candela exclama totalmente convencida delante de una hamburguesa: “Yo creía en Europa”. No quiero explicar más. Tenéis que verla. Deseando estoy que pongan más capítulos.
Caluroso Hong Kong
Abandono Hong Kong con una idea clara: jamás viviría aquí. Por una razón muy frívola: el calor tan húmedo me hincha como el muñeco de los neumáticos. Lo que me faltaba. Sin embargo sí que me empadronaría aquí por los dim sum. Me alimentaría solo de ellos. Viajo con mi ex, que aguanta el calor asesino con estoicismo. Yo también. Años atrás nos habríamos quejado en arameo desde la mañana hasta la noche.

Hoy soportamos los inconvenientes mucho mejor. Entramos en una edad en la que empiezas a tener muy claro lo que es un problema. El próximo veinticinco de julio cumplo cincuenta y cinco años. Me pilla contento. Intuyo, ya lo dejé caer en el pasado blog, que empiezan los mejores años de mi vida. Quizás porque ya no pido nada. Bastante me ha tocado ya en el reparto. Me gusta viajar con mi ex porque me quita cualquier complejo de culpa que pueda llegar a tener con la comida. Cuando le pregunto si la patata frita engorda me dice que no porque las patatas son vegetales. Así da gusto. Quien no se deja engañar es porque no quiere.
El escándalo de Montoro
Escribo ahora en otro avión que me lleva a Singapur después de pasar algunos días en Koh Samui. La felicidad, para mí, es una playa y tener tiempo para perderlo. He pasado mucho tiempo mirando X. Como para no hacerlo, con la que hay liada en España. El escándalo de Montoro me tiene la cabeza frita. Mal asunto. El Cristóbal Montoro imputado es el mismo que en su día abroncó a los españoles por vivir por encima de sus posibilidades. Según todos los indicios sacó pasta por un tubo favoreciendo a diversas empresas que se vieron beneficiadas por leyes específicamente dirigidas a pagar menos impuestos. Casi nada.
“Hecha la ley, hecha la trampa”. El refranero español siempre sentenciando. No es buena noticia la imputación de Montoro porque se resiente la debilidad del sistema y se ahonda en la creencia de que, en España, “quien tiene padrino se bautiza”. Otra vez a vueltas con el refranero. He leído un tuit de Benita asegurando que Feijóo no llegaría nunca a gobernar el país. Desconozco si lo escribe como votante socialista o como vidente pero lo cierto es que cuando parecía que estaba acariciando la presidencia con la punta de los dedos –Feijóo, no Benita– viene Montoro a destrozarle el sueño.
Lectura de vacaciones
En toda esta historia no dejo de pensar en Aznar, que en el último congreso del PP se presentó como un líder limpio de polvo y paja en cuanto a corrupción se refiere. Como le debían parecer poco los casos de Rato, Zaplana o Mata la cruda realidad amenaza con añadirle el de Montoro. Póker. He llegado a pensar que Aznar no sabe que es Aznar. Que se levanta cada mañana pensando que es otra persona. Porque si fuera consciente de quién es y de su legado sería incapaz de seguir dictando clases magistrales de ética. Si Kafka estuviera hoy vivo le haría una serie y la vendería a una plataforma.
Permaneceremos atentos a las informaciones. Las ramificaciones de lo de Montoro prometen dejar un reguero de cadáveres guapo. Más cosas que he hecho en Koh Samui: disfrutar con la lectura de “A cuatro patas”, de Miranda July. Qué estragos causan los enamoramientos, por Dios. Qué pereza da pasar por ese estado tan cercano a la locura. La próxima vez que me diga a mí mismo que me aburro y que necesito vivir experiencias extremas prometo seguir el consejo de mi padre cuando acudía a él porque nada me entretenía: darme con un martillo en las rodillas.
‘Superestar’, adictiva
Veo el tercer capítulo de Furia. Pilar Castro y Pedro Casablanc están descomunales. Y veo también varios capítulos de Tamara Superstar, serie que a priori me provocaba un bostezo kilométrico. Pero no. Nacho Vigalondo es el director de una serie tan inverosímil como adictiva. Es para verla en compañía y comentar en voz alta los maravillosos desvaríos de Vigalondo. Tiernos a veces, descacharrantes otros. Pero logran que sigas las aventuras y desventuras de los protagonistas con la boca abierta, como si fueras incapaz de dar crédito a lo que estás viendo.
Ingrid García-Jonsson es Tamara. Y cuando escribo “es” es que es ella de verdad. Ante su excelente recreación se corría el riesgo de eclipsar a todo el que se pusiera a su lado. Pero, hasta donde he visto: Secun de la Rosa borda a Leonardo Dantés. Estremece su emocionante labor. Llegas a querer a Dantés. Pepón Nieto está inmenso como Toni Genil. Inmenso. Y mención aparte merece Rocío Ibáñez como Margarita Seisdedos. Lo de esta actriz es tremendo. Se hace con todas las escenas en las que aparece. Incluso con aquellas en las que su personaje esté durmiendo. No es que haga de Margarita Seisdedos, es que se reencarna en ella. Yurena puede estar contenta por el resultado de la serie pero mucho me temo que en breve le sacará algún “pero”. Es su sino. Vive abonada al “perismo” y al “lo que me han hecho a mí no se lo han hecho a nadie”. Ha encontrado una digna sucesora en Karla Sofía Gascón. Da igual el día y la hora que sea: la actriz está a punto de publicar un post quejándose de que el mundo sigue conspirando en su contra. Ojalá salga pronto de este bucle. Tengo ganas de gozarla en otro registro.
Es domingo por la tarde y me voy a pasear por Singapur. A todo esto: qué guapos me parecen los chicos de este lugar.
Artículo original en Lecturas.
