«Cumplí cincuenta y cinco años en Indonesia y aproveché para subir una foto a las redes dándome una ducha enseñando carne»

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Veintisiete de julio en una isla de Indonesia. Diez y veinte de la mañana. Empiezo el camino de vuelta a casa. Entremedias hay un hidroavión, un ferry, una escala de seis horas en Singapur y dos aviones. Mañana lunes aterrizaremos en Madrid después de un día entero dando tumbos. Lo bueno es que todavía me queda un mes y una semana de vacaciones. Eso me encanta. Normalmente apuro tanto que casi voy del avión al trabajo. No en este caso. Para mí es la vida.

Las agencias matrimoniales

Cumplí cincuenta y cinco años aquí, en Indonesia, y aproveché para subir una foto a las redes dándome una ducha enseñando carne. La foto era muy poco natural porque escogí la postura adecuada para que se me vieran las tetas altas y los brazos fornidos. Bien es cierto que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra: hace tiempo me prometí a mí mismo no subir fotos sin ropa porque no quería darle cancha a mi vanidad. Pero mira, me vi tan bien que me dije “adelante con los faroles”. Y ya que estamos siendo sinceros escribiré que uno siempre publica estas fotos con la esperanza de recibir algún que otro alentador fueguecito. Qué le vamos a hacer, estoy en el mercado.

Aunque durante estos días de ‘dolce far niente’ he barajado la posibilidad de apuntarme a una agencia matrimonial cuando vuelva a Madrid. Incluso me he metido en la página web de alguna, aunque lo que he visto en una de ellas me ha espeluznado un poco. Venía a decir que era más difícil encontrar pareja en el mundo homosexual que en el heterosexual y eso me ha tirado un poco para atrás porque me ha sonado al rancio discurso de Marian Rojas Estapé, la señora que ha acuñado el término de “persona vitamina”. Cada vez que se lo escucho utilizar a alguien rezo una oración por el unicornio que acaba de fallecer por una sobredosis de cursilería.

NETFLIX

El caso es que la agencia matrimonial en cuestión no razona por qué es más complicado emparejarse en el mundo gay que en el heterosexual, lo cual me lleva a pensar que se ha quedado anclada en el pleistoceno. A su director o directora le recomendaría que viera ‘Las cuatro estaciones’, disponible en Netflix. Cuatro parejas se enfrentan a sus respectivas crisis matrimoniales. Una de las parejas está formada por dos hombres. El resto son heterosexuales. 

A tener pareja se aprende

El catálogo de desasosiegos y frustraciones que se muestran en cada una de ellas hace que te replantees si estar en pareja es una experiencia recomendable. Sigo creyendo en ella, que conste, pero también creo que culturalmente no está bien diseñada. Tener pareja es un trabajo que se aprende con los años. Entre la gente de mi generación estaba mal vista la soltería. Era un estado propio de fracasados. Por eso te lanzabas a tener novio o novia a las primeras de cambio. Y claro, casi siempre salía mal porque para estar con otra persona se necesitan años de experiencia. Y, sobre todo, tener muy claro que la otra persona no viene a solucionarte ni la vida ni ningún problema. 

Mi carrera no me cundió

Con las parejas pasa igual que con los estudios, que tenemos que elegir demasiado jóvenes. He pensado estos días sobre lo poco que me cundió Filología Hispánica. Creo que no es una carrera para estudiar con veinte años. Intentar entender a Quevedo, Lope de Vega o a Vicente Aleixandre a esa edad es un imposible. Solo con los años podemos llegar a apreciar la magnitud de sus obras. Quizás Noelia Núñez también piensa así y dejó para mañana los estudios, aunque se vio en la obligación de mentir porque nuestra sociedad, enferma de titulitis, no entiende que alguien pueda sobresalir sin tener ninguno. Noelia, que a chula no le gana nadie, no se adjudicó uno sino tres títulos. 

La trama de Noelia Núñez

La cuestión es: ¿y por qué no se colgó encima cuarto y mitad más de licenciaturas? Total, ya puestos. Reconozco que durante este viaje he estado muy enganchado a esa trama. Noelia se paseó un día por todas las televisiones y en todas recibió hostias como panes pero ella, inasequible al desaliento, no escarmentaba. Salía de un plató y se metía en otro para volver a salir trasquilada. En uno se quejó de que le habían insultado en redes sociales y Gonzalo Miró la puso frente al espejo: no puede quejarse una de que la insulten cuando ha lucido toda ufana una camiseta en la que se leía “Me gusta la fruta”. En ‘Todo es mentira’ la volvieron a pillar en una mentira en riguroso directo y no consiguió salir airosa del “fregao” porque Dios no la ha llamado por el camino de la oratoria. 

Un ramo por los 55

Nota: a estas alturas no tenemos muy claro cuál es el camino que le ha adjudicado Dios. Quizás por eso aceptó a la primera el puesto de colaboradora que le ofreció Nacho Abad en ‘En boca de todos’. No sé yo. Se lamentaba del sufrimiento que le había ocasionado a sus padres. Que los había visto llorar, dice. Es bastante probable que sigan llorando cuando destrocen sin piedad a su hija en las tertulias porque ahora mismo Noelia Núñez tiene difícil escapatoria en una mesa de debate. No cuela que se presente ahora como un ejemplo de dignidad por haber dimitido porque lo ha hecho cuando la han pillado. Es como si matas a alguien y utilizas como atenuante que se iba a morir igual. La excusa es frágil. 

Me fui de España con cincuenta y cuatro años y vuelvo con cincuenta y cinco. El día de mi cumple apareció P. en mi habitación con un jarrón de flores locales que pesaba como un edificio entero. Qué bonito detalle. Sigo dándole vueltas a lo de la agencia matrimonial. Cada vez me parece mejor idea. Estoy en la edad de divertirme. Eso sí: “con método”, como diría la gran Lola Flores. Siempre con método. 

Artículo original en Lecturas.